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jueves, 3 de abril de 2025

La Estética Sin Cruces: El Camino Espiritual de Mondrian y Rothko.

Mgtr. Antonio F. García Zamora. 

El arte, en específico las Artes Visuales han sido a lo largo de la historia un medio para explorar lo trascendental, lo divino y lo emocional. Sin embargo, no todos los artistas recurren a los símbolos religiosos tradicionales como las cruces, vírgenes o santos para expresar su visión espiritual. Dos de los artistas más emblemáticos que se distanciaron de este enfoque son los maestros Piet Mondrian y Mark Rothko, quienes utilizaron la abstracción y el color como vehículos para evocar lo sustancial, sin recurrir a la iconografía religiosa convencional. En sus obras, el color, la forma y la composición se convierten en las herramientas que permiten conectar con lo sublime.

Mondrian: El Neoplasticismo como Camino hacia lo Universal

Para Piet Mondrian, el arte era un vehículo para alcanzar una comprensión más profunda del universo. A través de su desarrollo del neoplasticismo, Mondrian buscaba representar una realidad abstracta que transcendiera lo material y llegara a lo espiritual. Su estilo característico, compuesto por líneas rectas, cuadros de colores primarios y espacios vacíos, no era meramente estético, sino que buscaba reflejar una armonía cósmica.

Mondrian creía que el arte debía liberarse de lo figurativo y llegar a lo esencial, lo que él consideraba como una "realidad pura". De acuerdo con Mondrian (1942), “La misión del arte es acercarse a una expresión pura de la realidad, eliminando lo que es accidental o no esencial, y llegar al equilibrio universal” (p. 14). Su uso de líneas horizontales y verticales representaba el equilibrio entre las fuerzas opuestas de la vida, mientras que los colores primarios (rojo, azul y amarillo) y los neutros (blanco, negro y gris) simbolizaban la pureza y el orden universal.


Ilustración 1: Composición con rojo, amarillo y azul (1927)

Esta obra de Mondrian ejemplifica el uso de líneas y colores primarios para lograr un equilibrio visual que busca reflejar el orden cósmico.

Rothko: El Color como Medio de Conexión Espiritual

Por otro lado, Mark Rothko también utilizó la abstracción como medio para lo espiritual, pero lo hizo a través del color y la intensidad emocional. Sus famosas pinturas de campos de color, con grandes bloques de tonos saturados, son un claro reflejo de su búsqueda de una experiencia trascendental. A diferencia de Mondrian, Rothko no intentaba representar un orden cósmico abstracto, sino más bien una experiencia emocional directa. Según Rothko (1964), “Los colores son los vehículos de mis pensamientos y emociones, y mi intención es hacer que el espectador se sienta emocionalmente conectado” (p. 39).

Rothko creía que el arte debía ser capaz de generar una experiencia profunda en el espectador, una experiencia que podía ser casi mística. En este sentido, su trabajo en la Capilla Rothko en Houston es fundamental para entender su enfoque espiritual. Los cuadros que creó para este espacio eran pensados para crear una atmósfera de introspección, en la que el espectador pudiera experimentar una conexión espiritual sin necesidad de figuras religiosas. De acuerdo con Harrison (2005), “Las pinturas de Rothko no buscan narrar historias, sino evocar una sensación de lo trascendental y lo sublime a través de la interacción emocional con el color” (p. 22).

Ilustración 2: Sin título (1950)

Una de las obras más representativas de Rothko, en la que el uso del color como medio emocional está en su máximo esplendor. Los bloques de color parecen estar en constante interacción, creando una atmósfera densa y emotiva.

La Estética Sin Cruces: Espiritualidad a Través de lo no representativo. 

Lo que unifica conceptualmente las obras de Mondrian y Rothko es su rechazo a la iconografía religiosa tradicional. Ambos artistas utilizaron el concepto de la no representatividad como una forma de expresión artística y también como un espacio para la espiritualidad. En lugar de símbolos religiosos explícitos como las cruces o las figuras sagradas, Mondrian y Rothko crearon obras que invitaban a la contemplación profunda y a la experiencia trascendental.

Mondrian (1942) afirma que “el arte tiene que liberarse de los elementos que no son esenciales y de esta forma se conecta con una armonía universal” (p. 18). Para Mondrian, las formas geométricas representaban un orden universal que iba más allá de la percepción humana, mientras que Rothko utilizaba el color como un medio para generar una experiencia emocional directa que pudiera conectar al espectador con lo sublime. Ambos artistas nos muestran que la espiritualidad no siempre tiene que estar representada por cruces o figuras religiosas, sino que puede ser transmitida a través de lo abstracto, el color y el equilibrio.

Para Rothko, el arte es una invitación a la experiencia. Como él mismo lo expresó en una carta a su amigo de la juventud, “Mi arte está hecho para que quien lo observe se sienta atrapado, absorbido en la obra, casi fuera de sí mismo” (Rothko, 1964, p. 48).

Conclusión: La Espiritualidad del Arte No Representativo. 

Tanto Mondrian como Rothko nos ofrecen una visión de lo espiritual que no depende de lo figurativo, sino de una búsqueda interna a través de la estética. Al optar por la abstracción y la no representatividad, ambos artistas lograron crear una forma de arte que invita al espectador a una experiencia más profunda, que va más allá de la simple apreciación visual y se adentra en el terreno de lo emocional y lo espiritual. 

La estética sin cruces de Mondrian y Rothko ha dejado un legado duradero en el mundo del arte, demostrando que lo espiritual puede ser representado de maneras infinitas, sin necesidad de recurrir a los símbolos convencionales, sino a través de colores, formas y espacios que despiertan una profunda conexión con lo divino y lo humano.

Referencias

Groot, R. (2011). Piet Mondrian: Un arte para la vida. Ediciones Turner.

Harrison, C. (2005). Mark Rothko: El color como vehículo emocional. Editorial Taschen.

Mondrian, P. (1942). La estética del neoplasticismo. Amsterdam: De Stijl.

Rothko, M. (1964). Cartas y escritos. New York: Harper & Row.

sábado, 15 de marzo de 2025

Campos Mórficos, Biopedagogía y Expresión Artística: Una Convergencia en el Aprendizaje Humano

 

Mgtr. Antonio F. García Zamora.


dibujo de manos
Resumen

El presente ensayo explora la relación entre la teoría de los campos mórficos de Rupert Sheldrake y la biopedagogía, con énfasis en la expresión artística como un catalizador del aprendizaje y la emoción. Desde una perspectiva biológica y epistemológica, se argumenta que el aprendizaje no es un proceso meramente acumulativo, sino una transformación estructural del ser humano que ocurre en la interacción con su entorno. Se analiza cómo la teoría de la autopoiesis de Maturana y Varela (1984) se enlaza con los campos mórficos para proponer una concepción más holística del aprendizaje, donde la memoria colectiva y la expresión artística juegan un papel fundamental en la inclusión y el desarrollo humano. Además, se incorporan las ideas de Eisner sobre la importancia de la educación artística en la formación de habilidades cognitivas y emocionales.

Introducción

El aprendizaje ha sido tradicionalmente estudiado desde perspectivas cognitivistas y conductistas, sin embargo, enfoques más recientes han explorado su dimensión biológica y social. La biopedagogía, como campo emergente, entiende el aprendizaje como un proceso dinámico que involucra la autopoiesis y la adaptación estructural del individuo en relación con su entorno (Brenes Montero, 2021). En este contexto, la teoría de los campos mórficos de Sheldrake (2009) introduce la idea de que existen patrones de memoria colectiva que influyen en la organización y transmisión del conocimiento. La expresión artística, a su vez, no solo facilita la transmisión de estos patrones, sino que también permite la emergencia de nuevas formas de conocimiento a través del despertar emocional y la interacción sensorial.

Biopedagogía y Autopoiesis: Aprendizaje como Transformación

Maturana y Varela (1984) definen la autopoiesis como la capacidad de los sistemas vivos de mantenerse y reconstruirse a sí mismos a través de la interacción con su medio. En el contexto educativo, este principio implica que el aprendizaje no consiste en la acumulación de información, sino en la transformación estructural del individuo en respuesta a su entorno. Como afirman los autores, todo hacer es conocer y todo conocer es hacer (Maturana & Varela, 1984, p. 29), lo que sugiere que el aprendizaje es inseparable de la acción y la experiencia. Desde esta perspectiva, la biopedagogía enfatiza que los procesos educativos deben fomentar espacios de interacción significativa, donde los aprendices puedan reconfigurar su estructura cognitiva y emocional de manera activa.

Campos Mórficos y Aprendizaje Colectivo

Sheldrake (2009) propone que los campos mórficos actúan como matrices de información que facilitan la transmisión de patrones de comportamiento y conocimiento sin necesidad de una transferencia física directa. Según esta teoría, los sistemas vivos aprenden y evolucionan a partir de la resonancia con patrones establecidos en su historia evolutiva y social. Esto significa que el aprendizaje puede no solo depender de la experiencia individual, sino también de la influencia de estructuras de información colectivas que atraviesan generaciones. En el contexto de la biopedagogía, esto refuerza la idea de que el conocimiento no es estático ni individualista, sino que emerge de la interacción dinámica entre el aprendiz y su comunidad.

Expresión Artística, Despertar Emocional y Aprendizaje

El arte ha sido reconocido desde la antigüedad como una vía fundamental para la expresión del conocimiento y la emoción. En el marco de la biopedagogía, la expresión artística permite la generación de experiencias de aprendizaje que involucran el cuerpo, la emoción y la memoria colectiva. Como sostienen Maturana y Varela (1984), "vivimos en un mundo que no es independiente de nosotros, sino que surge a partir de nuestras interacciones y emociones" (p. 75). En este sentido, la creación artística actúa como un espacio de resonancia donde los aprendices pueden experimentar transformaciones cognitivas y emocionales que refuerzan su proceso de aprendizaje.

Elliot Eisner (2002) resalta que el arte no solo desarrolla la sensibilidad estética, sino que también cultiva habilidades de pensamiento crítico, resolución de problemas y percepción simbólica. En su análisis sobre la educación artística, Eisner argumenta que las artes enseñan a pensar de manera cualitativa, a ver conexiones más allá de lo evidente y a manejar la ambigüedad con creatividad (p. 34). Desde esta perspectiva, la integración del arte en la educación biopedagógica amplifica las oportunidades para el desarrollo de la inteligencia emocional y la construcción del conocimiento a través de múltiples formas de representación.

Sheldrake (2009) también argumenta que la creatividad no es un proceso individual aislado, sino que está influenciado por patrones previos que resuenan en la conciencia colectiva. Esto significa que la música, la pintura, la danza y el teatro no solo despiertan emociones, sino que también fortalecen conexiones de aprendizaje al resonar con experiencias compartidas dentro de una cultura. La expresión artística, por lo tanto, es un medio esencial para la inclusión y la integración de los aprendices en procesos de aprendizaje colectivos y significativos.

Conclusión

La interconexión entre los campos mórficos, la biopedagogía y la expresión artística refuerza la idea de que el aprendizaje es un fenómeno dinámico y colectivo. Lejos de ser una simple transmisión de información, el aprendizaje implica la transformación estructural del individuo en interacción con su entorno. La expresión artística, en particular, juega un papel esencial en este proceso al facilitar la experimentación emocional y sensorial que permite la emergencia de nuevas formas de conocimiento. Integrar estas perspectivas en la educación puede conducir a una pedagogía más inclusiva y acorde con la naturaleza biológica y social del ser humano. La visión de Eisner sobre la educación artística complementa este marco al demostrar que el arte no solo enriquece el aprendizaje, sino que también fomenta habilidades esenciales para la vida en sociedad.

Referencias

  • Brenes Montero, J. (2021). Biopedagogía, herramienta de estrategias hacia la inclusión de personas dentro del sistema educativo. Revista Estudios, (43), 11-16.
  • Eisner, E. W. (2002). The arts and the creation of mind. Yale University Press.
  • Maturana, H., & Varela, F. (1984). El árbol del conocimiento: Las bases biológicas del entendimiento humano. Editorial Universitaria.
  • Sheldrake, R. (2009). Morphic Resonance: The Nature of Formative Causation (4th ed.). Inner Traditions.

jueves, 6 de marzo de 2025

La función creadora, la cooperación interpretativa y las implicaciones de la Resonancia Mórfica observadas en la Película Pollock: La vida de un creador (2000).













Mgtr. Antonio F. García Zamora

 Introducción.

Este apartado se refiere en forma general a la función creadora como producción artística y a la relación del creador (artista) con su obra, aunque este concepto de creatividad no se limita únicamente al arte como disciplina del conocimiento humano.

Para ello se observó previamente la película Pollock: La vida de un creador (2000), del género drama y realizada por el director Ed Harris, posteriormente se hizo una revisión en referencias literarias, visuales y las vivencias de aprendizaje en el doctorado, relacionándolas con los conceptos asimilados de procesos creativos, identidad, cooperación interpretativa y las implicaciones de la resonancia mórfica.

El proceso creativo como acción.

La película muestra cómo el artista Jackson Pollock no se restringe a la acción mecánica de pintar, sino que realiza la pintura adoptando un método físico e inmersivo. La técnica de drip painting, en español pintura por goteo, convierte el acto performativo de pintar donde el artista principalmente trabaja la gestualidad y composición en su obra.

El autor Hans-Georg Gadamer (1998) señala que el proceso de creación artística no es solo la ejecución de una idea previa, sino una experiencia donde el significado surge en la práctica misma (p.110). Esto se observa en la película cuando el personaje principal desarrolla su estilo a partir de la expresividad, la experimentación y el azar controlado.

La crisis del artista y su identidad.

También se enfatiza el conflicto interno del artista Jackson Pollock, donde se sugiere que el proceso creativo se vincula con la fragilidad emocional. Por su parte el autor Maurice Merleau-Ponty (1964) plantea que la obra de arte es el lugar donde el creador se descubre así mismo tanto como a los demás (p. 18). Esto se puede observar en la manera en que Pollock encuentra en la pintura un medio de autoafirmación y lucha contra sus conflictos personales.

Aquí es donde entra en acción el concepto de resonancia mórfica, propuesta por Rubert Sheldrake (1981), que sugiere que los patrones de comportamiento y creatividad no surgen en forma aislada, sino que se transmiten por medio de campos de información que influyen en generaciones futuras. Sheldrake (1981) afirma que las formas, comportamientos y pensamientos se transmiten a través de campos mórficos, creando una continuidad entre el pasado y el presente (p.95), en este sentido Pollock es un canal de procesos artísticos amplios con respecto a su vida, obra y proceso creativo, además de la búsqueda de nuevas formas expresivas a partir de su introspección, produciendo sus obras artísticas innovadoras en su tiempo.

La cooperación interpretativa en Pollock.

Este concepto lo postula Umberto Eco (1981) explica que una obra abierta es aquella que, lejos de imponer un significado unívoco, invita al espectador a completar su sentido (p.47). En la película se observa como críticos, compradores y artistas interpretan sus obras de distintas maneras y precisamente es el diálogo con la mirada y el acto de comunicación entre el arte y quien lo observa: el público, surgiendo nuevos significados y aprendizajes.

La reacción del público y la crítica.

La película muestra que algunos ven en Pollock como un genio revolucionario, otros creen que su trabajo es un fraude. Esta diversidad de opiniones refuerza la idea de que el significado de una obra no reside solo en el artista, sino en su recepción. Por su parte Barthes (1967) señala que la muerte del autor significa el nacimiento del lector como co-creador del texto (p. 148), en la película Pollock se traduce en la idea que su arte cobra sentido en la mirada del espectador que interrelaciona con la obra, dando nuevos significados.

La estructura de la película como obra abierta.

La película explora e ilustra conceptos fundamentales sobre el arte, siendo la función creadora el énfasis como un proceso físico, emocional y social, por otra parte la cooperación interpretativa demuestra que el arte de Pollock sólo cobra sentido en el encuentro con el público.

Por consiguiente el concepto de resonancia mórfica sugiere que la creatividad de Pollock no solo es personal. sino que está influenciada por patrones de memoria colectiva que atraviesan generaciones de artistas. Como lo plantea Sheldrake (1981) el aprendizaje y la creatividad no son procesos individuales aislados sino fenómenos conectados por los campos mórficos que propician la transmisión de la información (p.132).

En este sentido, Pollock no solo inventa, también accede a un campo artístico que lo precede y que a su vez, modificará para futuras generaciones. La película cuando representa este proceso convierte la historia de este artista como un reflejo del modo en que el arte evoluciona como un fenómeno colectivo y resonante.



Referencias

● Barthes, R. (1967). La muerte del autor. Paris: Éditions du Seuil.

● Bourdieu, P. (1992). Las reglas del arte. Barcelona: Anagrama.

● Eco, U. (1981). Obra abierta. Barcelona: Ariel.

● Gadamer, H.-G. (1998). Verdad y método. Salamanca: Sígueme.

● Howard, P. (Productor), & Ed Harris (Director). (2000). Pollock [Pelicula]. Sony Pictures Classics.

● Merleau-Ponty, M. (1964). El ojo y el espíritu. Buenos Aires: Paidós.

● Sheldrake, R. (1981). A New Science of Life: The Hypothesis of Morphic Resonance. London: Blond & Briggs.

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