Mgtr. Antonio F. García Zamora.
El presente ensayo explora la relación entre la teoría de
los campos mórficos de Rupert Sheldrake y la biopedagogía, con énfasis en la expresión
artística como un catalizador del aprendizaje y la emoción. Desde una
perspectiva biológica y epistemológica, se argumenta que el aprendizaje no es
un proceso meramente acumulativo, sino una transformación estructural del ser
humano que ocurre en la interacción con su entorno. Se analiza cómo la teoría
de la autopoiesis de Maturana y Varela (1984) se enlaza con los campos mórficos
para proponer una concepción más holística del aprendizaje, donde la memoria
colectiva y la expresión artística juegan un papel fundamental en la inclusión
y el desarrollo humano. Además, se incorporan las ideas de Eisner sobre la
importancia de la educación artística en la formación de habilidades cognitivas
y emocionales.
Introducción
El aprendizaje ha sido tradicionalmente estudiado desde
perspectivas cognitivistas y conductistas, sin embargo, enfoques más recientes
han explorado su dimensión biológica y social. La biopedagogía, como campo
emergente, entiende el aprendizaje como un proceso dinámico que involucra la
autopoiesis y la adaptación estructural del individuo en relación con su
entorno (Brenes Montero, 2021). En este contexto, la teoría de los campos
mórficos de Sheldrake (2009) introduce la idea de que existen patrones de memoria
colectiva que influyen en la organización y transmisión del conocimiento. La
expresión artística, a su vez, no solo facilita la transmisión de estos
patrones, sino que también permite la emergencia de nuevas formas de
conocimiento a través del despertar emocional y la interacción sensorial.
Biopedagogía y Autopoiesis: Aprendizaje como
Transformación
Maturana y Varela (1984) definen la autopoiesis como la
capacidad de los sistemas vivos de mantenerse y reconstruirse a sí mismos a
través de la interacción con su medio. En el contexto educativo, este principio
implica que el aprendizaje no consiste en la acumulación de información, sino
en la transformación estructural del individuo en respuesta a su entorno. Como
afirman los autores, todo hacer es conocer y todo conocer es hacer (Maturana & Varela, 1984, p. 29), lo que sugiere que el aprendizaje es inseparable
de la acción y la experiencia. Desde esta perspectiva, la biopedagogía enfatiza
que los procesos educativos deben fomentar espacios de interacción
significativa, donde los aprendices puedan reconfigurar su estructura cognitiva
y emocional de manera activa.
Campos Mórficos y Aprendizaje Colectivo
Sheldrake (2009) propone que los campos mórficos actúan como
matrices de información que facilitan la transmisión de patrones de
comportamiento y conocimiento sin necesidad de una transferencia física
directa. Según esta teoría, los sistemas vivos aprenden y evolucionan a partir
de la resonancia con patrones establecidos en su historia evolutiva y social.
Esto significa que el aprendizaje puede no solo depender de la experiencia
individual, sino también de la influencia de estructuras de información colectivas
que atraviesan generaciones. En el contexto de la biopedagogía, esto refuerza
la idea de que el conocimiento no es estático ni individualista, sino que
emerge de la interacción dinámica entre el aprendiz y su comunidad.
Expresión Artística, Despertar Emocional y Aprendizaje
El arte ha sido reconocido desde la antigüedad como una vía
fundamental para la expresión del conocimiento y la emoción. En el marco de la
biopedagogía, la expresión artística permite la generación de experiencias de
aprendizaje que involucran el cuerpo, la emoción y la memoria colectiva. Como
sostienen Maturana y Varela (1984), "vivimos en un mundo que no es
independiente de nosotros, sino que surge a partir de nuestras interacciones y
emociones" (p. 75). En este sentido, la creación artística actúa como un
espacio de resonancia donde los aprendices pueden experimentar transformaciones
cognitivas y emocionales que refuerzan su proceso de aprendizaje.
Elliot Eisner (2002) resalta que el arte no solo desarrolla
la sensibilidad estética, sino que también cultiva habilidades de pensamiento
crítico, resolución de problemas y percepción simbólica. En su análisis sobre
la educación artística, Eisner argumenta que las artes enseñan a pensar
de manera cualitativa, a ver conexiones más allá de lo evidente y a manejar la
ambigüedad con creatividad (p. 34). Desde esta perspectiva, la
integración del arte en la educación biopedagógica amplifica las oportunidades
para el desarrollo de la inteligencia emocional y la construcción del
conocimiento a través de múltiples formas de representación.
Sheldrake (2009) también argumenta que la creatividad no es
un proceso individual aislado, sino que está influenciado por patrones previos
que resuenan en la conciencia colectiva. Esto significa que la música, la
pintura, la danza y el teatro no solo despiertan emociones, sino que también
fortalecen conexiones de aprendizaje al resonar con experiencias compartidas
dentro de una cultura. La expresión artística, por lo tanto, es un medio
esencial para la inclusión y la integración de los aprendices en procesos de
aprendizaje colectivos y significativos.
Conclusión
La interconexión entre los campos mórficos, la biopedagogía
y la expresión artística refuerza la idea de que el aprendizaje es un fenómeno
dinámico y colectivo. Lejos de ser una simple transmisión de información, el
aprendizaje implica la transformación estructural del individuo en interacción
con su entorno. La expresión artística, en particular, juega un papel esencial
en este proceso al facilitar la experimentación emocional y sensorial que
permite la emergencia de nuevas formas de conocimiento. Integrar estas
perspectivas en la educación puede conducir a una pedagogía más inclusiva y
acorde con la naturaleza biológica y social del ser humano. La visión de Eisner
sobre la educación artística complementa este marco al demostrar que el arte no
solo enriquece el aprendizaje, sino que también fomenta habilidades esenciales
para la vida en sociedad.
Referencias
- Brenes
Montero, J. (2021). Biopedagogía, herramienta de estrategias hacia la
inclusión de personas dentro del sistema educativo. Revista Estudios,
(43), 11-16.
- Eisner, E. W. (2002). The
arts and the creation of mind. Yale University Press.
- Maturana,
H., & Varela, F. (1984). El árbol del conocimiento: Las bases
biológicas del entendimiento humano. Editorial Universitaria.
- Sheldrake, R. (2009). Morphic
Resonance: The Nature of Formative Causation (4th ed.). Inner
Traditions.